domingo, 17 de abril de 2011

LOS DIVERSOS ESTADOS POR LOS QUE SE PASA DESPUÉS DE LA MUERTE


EL PURGATORIO 

ABANDONO DEL CUERPO FÍSICO 

En el momento en que la muerte llega los vehículos se separan. Como su vida en el Mundo Físico ha terminado por ahora, ya no es necesario para el hombre retener su cuerpo físico. El cuerpo etérico, que pertenece al Mundo Físico, se retira por la cabeza, dejando al cuerpo físico inanimado. Los vehículos etérico, emocional y mental abandonan el cuerpo físico con un movimiento de espiral, llevando consigo el alma de un átomo físico, pero no el átomo en sí mismo sino las fuerzas que obraban en él. El resultado de las experiencias pasadas en el cuerpo físico que acaba de finalizar se imprime en este átomo. Mientras que todos los átomos del cuerpo físico se renuevan periódicamente, el átomo permanente subsiste y no sólo a través de una vida, sino que ha formado parte de todos los cuerpos físicos empleados por una corriente de vida en particular. A la muerte, este átomo permanente es retirado para volver en la próxima vida física para formar el núcleo alrededor del cual se construirá el nuevo cuerpo físico. A este átomo se le llama átomo simiente. Durante la vida, el átomo simiente se encuentra en el corazón y al ocurrir la muerte sube al cerebro por el nervio neumogástrico y abandona el cuerpo físico junto con los vehículos emocional y mental. 

Cuando los vehículos etérico, emocional y mental han abandonado el cuerpo físico, permanecen conectados con él por medio del cordón de plata. Un extremo del cordón de plata está unido al corazón por medio del átomo simiente y cuando se rompe produce la paralización del corazón. El cordón no se rompe hasta que el panorama de la vida pasada ha sido totalmente registrado. 

Es importante no proceder a la cremación ni practicar la biopsia antes de pasados tres días después de la muerte porque mientras los tres cuerpos: etérico, emocional y mental permanezcan unidos al cuerpo físico por medio del cordón de plata cualquier operación que se haga con el cuerpo físico será sentida por la persona. 

La cremación debe descartarse en los tres primeros días porque tiende a desintegrar el cuerpo etérico el cual debe permanecer intacto hasta que el panorama de la vida que acaba haya sido registrado. Cuando se rompe el cordón de plata el cuerpo físico está completamente muerto. 

Cuando el cordón de plata se rompe en el corazón liberando al hombre del cuerpo físico llega el momento de mayor importancia para el Ego. Su vida pasa ante su vista como un panorama presentándose los sucesos en orden inverso, es decir, empezando por el final de la vida. Todo se registra. En estos momentos el hombre permanece como espectador, ve las cosas pero no le afectan. Este panorama puede durar desde unas cuantas horas hasta varios días. 

ABANDONO DEL CUERPO ETÉRICO 

Dejar el cuerpo etérico es un proceso similar al del cuerpo físico. Las fuerzas de vida de un átomo se llevan para ser empleadas como núcleo del cuerpo etérico en la próxima encarnación. Al dejar el cuerpo etérico para entrar en el mundo emocional lleva consigo dos átomos-simiente: el del cuerpo físico y el del cuerpo etérico. 

ABANDONO DEL CUERPO EMOCIONAL O DE DESEOS 

La mayoría de los hombres, tienen muchos lazos y mucho interés por la vida de la tierra, más aún si al morir eran todavía jóvenes. Al perder su cuerpo físico no han alterado sus deseos y a menudo son aumentados por un deseo muy intenso de volver. Las personas viejas y decrépitas que han sido debilitados por una larga enfermedad y están cansados de la vida pasan por él rápidamente. Es muy duro verse privado de la vida por un accidente, mientras todavía se encuentran en plenitud física y ligadas por lazos familiares, de amigos, trabajo…. 

El suicida se encuentra más vivo que nunca y en un estado muy lastimoso pues puede ver a aquellos a quienes ha perjudicado con su acto y tienen un gran sentimiento de estar vacío y este sentimiento permanece hasta que llega el momento en que por el curso natural de los acontecimientos debió ocurrir su muerte. 

Mientras el hombre mantenga deseos relacionados con la vida terrestre debe permanecer en su cuerpo de deseos. Pongamos el caso de un bebedor. Tiene tanto deseo por el licor después de su muerte como antes de ella pero con el inconveniente de que al estar operando en su cuerpo emocional o de deseos no tiene ni boca ni estómago capaces de contener licores físicos. La sensación que tiene es como la del que se encuentra en medio del mar en un barquichuelo rodeado de agua por todas partes pero ni una sola gota para beber y en consecuencia sufre. Con el tiempo aprende la inutilidad de desear algo que no puede realizar y al final los deseos mueren por falta de oportunidad de ser satisfechos. De acuerdo a la intensidad de los deseos será el tiempo que tengamos que sufrir para su purificación. 

Esta es la Ley de Causa y Efecto que regula todas las cosas, restableciendo el equilibrio allí donde el menor acto haya producido una perturbación, desequilibrio que todos los actos producen. El resultado puede manifestarse inmediatamente o puede ser demorado durante años o vidas enteras pero algún día en alguna parte se hará la justa y equivalente retribución. El trabajo de la ley es completamente impersonal. En el Universo no existe ni recompensa ni castigo, todo es resultado de la ley invariable. 

La Ley de Causa y Efecto en el mundo del deseo obra purificando al hombre de sus deseos inferiores, corrigiendo las debilidades y vicios que obstaculizan su progreso. Si ha hecho sufrir a otros, tendrá que sufrir de idéntica manera. Sin embargo, si una persona ha estado sujeta por sus vicios y ha causado mal a otros pero ha conseguido dominar sus vicios y remediado el mal causado, el arrepentimiento lo ha purificado de sus vicios y malas acciones. El equilibrio se ha restablecido y la lección se ha aprendido en esa encarnación y no causará sufrimiento después de la muerte. 

En el mundo del deseo se vive tres veces más rápido que en el mundo físico. Muchos permanecen en el mundo del deseo mucho más tiempo que en el mundo físico pero los que han abandonado la vida con muy pocos deseos groseros pasan por ese mundo un período muy corto. 

Cuando el hombre al morir abandona su cuerpo físico su vida pasada se despliega ante él pero no siente nada. Sin embargo durante la vida en el mundo del deseo las imágenes se despliegan hacia atrás pero ahora el hombre tiene todos los sentimientos a medida que las escenas pasan ante él. Cada incidente de su vida pasada vuelve a ser vivido de nuevo, viviendo toda la aflicción y sufrimiento que causó a los demás y aprende cuan dura de soportar fue la herida que causó. Por otra parte el sufrimiento es mucho más intenso pues ahora no hay cuerpo físico que lo mitigue. El sufrimiento pierde en duración lo que gana en intensidad. 

El espíritu que haya grabado en su cuerpo de deseos un recuerdo claro y profundo comprenderá los errores de su vida pasada mucho más claramente que si se hubieran grabado borrosas debido a que la atención fue distraída por los lamentos y los sufrimientos de los que lo rodeaban a la hora de su muerte. Este sentimiento agudo es de un valor inmenso en las vidas futuras pues estampa sobre el átomo simiente del cuerpo de deseos una impresión imborrable de manera que las experiencias se olvidarán en las vidas futuras pero el sentimiento subsistirá. 

El objeto del purgatorio es el borrar los malos hábitos haciendo imposible su gratificación. El individuo sufre exactamente lo que ha hecho sufrir a otros con su deshonestidad, crueldad, intolerancia… Por este sufrimiento aprende a obrar cariñosa, honesta y benévolamente y con toda paciencia para los demás en el futuro. 

EL PRIMER CIELO 

Cuando la existencia en el purgatorio ha terminado, el espíritu se eleva hasta el primer cielo, donde los resultados de su sufrimiento se incorporan en el átomo-simiente del cuerpo de deseos, impartiéndole así la cualidad de la rectitud, la que actuará como impulso para el bien y repulsión para el mal en el futuro. 

Nuestra dicha en el cielo depende de la felicidad que hayamos proporcionado a otros y el valor que demos a lo que otros han hecho por nosotros. El poder de dar no reside sólo en el hombre adinerado. El dar dinero sin discernimiento puede ser malo. Es bueno dar dinero para un propósito benéfico pero un servicio vale un millar de veces más. Una mirada cariñosa, expresiones de confianza, la simpatía…pueden ser dadas por todos. Debemos de tratar de ayudar al necesitado de manera que él pueda ayudarse a sí mismo para no dar origen a que quede dependiendo de nosotros. 

El primer cielo es un lugar de alegría. El espíritu está más allá de la influencia de las condiciones materiales y terrestres y asimila todo el bien contenido en su vida pasada conforme lo revive de nuevo. Es un lugar de reposo y cuanto más dura ha sido la vida, tanto más intenso será el descanso. La enfermedad, la tristeza y el dolor son cosas desconocidas. 

Hay una clase que lleva especialmente una vida hermosísima: los niños. Cuando un niño muere antes del nacimiento de su cuerpo de deseos, lo que tiene lugar alrededor de los catorce años, no va más allá del primer cielo, porque no es responsable de sus actos, como tampoco es responsable el recién nacido del dolor que causa a su madre al salir de la matriz. El niño pues, no tiene existencia en el purgatorio. Lo que no ha sido vivificado no puede morir, por tanto el cuerpo de deseos de un niño, junto con su mente persistirá hasta el nuevo nacimiento y por tal razón esos niños son muy aptos para recordar las encarnaciones anteriores. 

Cuando un niño muere hay siempre alguien de su familia que lo está esperando, o, en su defecto hay quienes les gustaba adoptar maternalmente a los niños en su vida terrestre y que tienen sumo placer en hacerlo aquí. La extrema plasticidad de la materia de deseos hace muy fácil formar los más exquisitos juguetes vivientes para los niños y su vida es un hermoso juego aunque no se olvida su instrucción. En el mundo del deseo es muy fácil dar lecciones objetivas de la influencia del bien y del mal, de la conducta y la felicidad ya que estas lecciones se imprimen indeleblemente sobre el cuerpo de deseos del niño y lo acompañan después de su nacimiento, así que muchos que llevan una vida noble es porque han estado sometidos a ese desarrollo. 

Cuando nace un espíritu débil los guías que dirigen nuestra evolución lo hacen morir en edad temprana para que pueda tener ese desarrollo extra y evitarle así lo que hubiera sido una vida muy dura. Esto es lo que suele pasar en los casos en que la impresión del cuerpo de deseos fue débil debido a que las personas que rodeaban al moribundo lo perturbaron con sus lamentaciones o por haber muerto de accidente o en el campo de batalla. Bajo esas circunstancias el muerto no ha experimentado la intensidad de sentimientos apropiada en su estado post-mortem y al renacer y morir a edad temprana se recobra esa pérdida. A menudo el deber de cuidar a este niño en el mundo celeste recae sobre los que causaron esta anomalía o tal vez pueda tocarles ser los padres del recién nacido y cuidarlo los pocos años que viva. 

El mundo del deseo donde está el purgatorio y el primer cielo es el mundo del color pero el mundo del pensamiento donde se encuentran el segundo y el tercer cielo es la esfera del sonido. Cada una de las estrellas tiene su tono definido y juntas forman la sinfonía celestial. Los ecos de esta música celestial nos llegan hasta el mundo físico y son nuestra posesión más preciosa aunque son fugaces y no pueden crearse permanentemente como otras obras de arte como una estatua, un libro o un cuadro. En el mundo físico el sonido muere tan pronto como nace. 

Con el tiempo se llega a un punto en que el resultado del dolor y el sufrimiento del purgatorio junto con el goce extraído de las buenas acciones de la vida pasada, se ha grabado en el átomo-simiente del cuerpo de deseos. Esto constituye la conciencia que nos pone en guardia contra el mal como productor de sufrimiento y nos inclina hacia el bien como productor de felicidad. Entonces el hombre abandona su cuerpo de deseos para que se desintegre, al igual que abandonó el cuerpo físico y el etérico y únicamente se lleva las fuerzas del átomo-simiente que formarán el núcleo de los futuros cuerpos de deseos. 



EL SEGUNDO CIELO 

Por último, el hombre penetra en el segundo cielo. Está envuelto en su cuerpo mental que contiene los tres átomos-simiente de los tres vehículos abandonados. 

Cuando el hombre muere y pierde su cuerpo físico y etérico se encuentra en las mismas condiciones que cuando está dormido. El cuerpo de deseos no tiene órganos a propósito para ser empleado y se transforma en un ovoide parecido al cuerpo físico. Hay un intervalo de inconsciencia parecida al sueño y después el hombre despierta en el mundo del deseo. Con frecuencia permanece inseguro sobre lo que les está pasando y no comprenden que han muerto. Pueden pensar y moverse, comprenden que hay algo diferente pero no saben qué es. 

Cuando el cambio se hace del primer cielo que está en el mundo del deseo al segundo cielo que está en la región del pensamiento el hombre está perfectamente consciente y pasa a una gran paz, todo parece desvanecerse, no puede pensar, sus facultades no están vivas pero siente que es y tiene un inexplicable sentimiento de hallarse solo pero sin temor y se inunda de una paz inefable, que sobrepasa toda comprensión. 

Entonces viene el despertar que trae al espíritu la música de las esferas. En la vida en la tierra estamos tan abstraídos que somos incapaces de escuchar la música de las esferas pero un solo desacorde en esa armonía celestial produciría una explosión de la materia y una colisión de mundos. El poder de la vibración rítmica es bien conocido, por ejemplo se ordena a los soldados a romper el compás de la marcha cuando pasan por un puente porque el paso rítmico podría destruir la construcción más fuerte. 

Hay una relación muy íntima entre el color y el sonido y cuando se toca una nota aparece simultáneamente el color correspondiente. El color y el sonido están presentes a la vez pero es el sonido el que origina el color. Los sonidos de la naturaleza como el viento en el bosque, el rumor del océano y el canto de las aguas combinados forman un todo que es la nota tónica de la Tierra, su “tono”. Las formas que vemos en torno nuestro son las figuras cristalizadas de los sonidos de las fuerzas que obran en el mundo celeste. 

El trabajo que el hombre realiza en el mundo celeste es múltiple. No es una existencia inactiva, sino que es una intensa actividad preparatoria para la próxima vida al igual que el sueño es la preparación para el día siguiente. 

Aquí se absorbe la quintaesencia de los tres cuerpos y tanto como haya trabajado el hombre en sus tres cuerpos ya abandonados así se le proporcionará una mente mejorada, un cuerpo vital o etérico y un cuerpo físico mejores para vidas subsiguientes. 

El segundo cielo es el verdadero hogar del hombre. La vida es extraordinariamente activa. El Ego asimila los frutos de su última vida terrestre y prepara el ambiente que lo rodeará en una nueva existencia física. El destino del hombre es convertirse en una Inteligencia creadora y está haciendo su aprendizaje para conseguirlo durante todo este tiempo. El hombre durante el transcurso de su vida en el mundo celeste es dirigido por grandes jerarquías creadoras que le ayudan conscientemente. Al pintor se le indica cómo construir un ojo sutil, capaz de tomar perspectivas perfectas y de distinguir los colores y las sombras hasta un grado inconcebible. El matemático tiene que tratar con el espacio y la facultad para la percepción de este espacio está relacionada con el perfecto ajuste de los tres canales semicirculares que están situados dentro del oído. 

Pero ninguno es tan elevado como el músico. El motivo de que la música sea diferente y más elevada que el resto de las artes se encuentra en que las demás artes pertenecen al mundo del deseo y cristalizan más fácilmente lo que hace que la obra de arte como un cuadro o una estatua una vez creados son permanentes mientras que la música al pertenecer al mundo celeste es más evasiva y debe ser reproducida cada vez que la queremos oír. 

El instrumento por el cual siente el hombre la música es el más perfecto sentido del cuerpo humano. El oído es perfecto en el sentido de que cualquier sonido que oye lo oye sin deformarlo mientras que el ojo tergiversa a menudo lo que ve. 

Es una ley de la naturaleza que nadie pueda habitar un cuerpo más eficiente que el que sea capaz de construir así que primero se aprende a construir en cierto grado el cuerpo y después se aprende a vivir en él, de esta manera se descubren los defectos y se enseña a corregirlos. 

El hombre, pues, aprende a construir sus vehículos en el mundo celeste y a usarlos en el mundo físico. La naturaleza suministra toda clase de experiencias de manera tan maravillosa y con tanta sabiduría que cuanto más penetramos en sus secretos vamos quedando más impresionados por nuestra insignificancia creciendo nuestra reverencia a Dios de quien la naturaleza es su símbolo visible. Cuanto más sabemos de sus maravillas más comprendemos que este sistema mundial no es la máquina en movimiento que el materialismo no has hecho creer. Cuanto más grande es la complejidad del plan, más poderoso es el argumento a favor de un Autor Divino Inteligente. 







EL TERCER CIELO 

Después de haber pasado por el segundo cielo y haber aprendido a crear sus cuerpos el espíritu asciende a la región más elevada del mundo del pensamiento que es el tercer cielo. Después de algún tiempo el deseo de nuevas experiencias viene y con ello la contemplación de un nuevo nacimiento. Esto evoca un panorama de la nueva vida que nos espera pero sólo con los acontecimientos principales pues el espíritu tiene plena libertad en cuanto a los detalles. 

Los cuadros del panorama de su próxima vida empiezan en el nacimiento y acaban con la muerte, en sentido contrario a lo que ocurre en el estado post-mortem. La razón de esta diferencia es que en el panorama antenatal el objeto es mostrar al Ego que va a renacer cómo ciertas causas producen siempre determinados efectos y en el caso del panorama post-mortem el objeto es mostrar cómo acontecimiento de la vida que acaba de pasar era el efecto de alguna causa anterior de la vida. 

Ante las preguntas de que por qué debemos renacer y por qué no podemos adquirir la experiencia en los reinos superiores tenemos que el propósito de la vida no es la felicidad sino la experiencia, que la tristeza y el dolor son nuestros maestros más benévolos y las alegrías de la vida no son sino cosas fugaces. Esto que a primera vista puede resultar duro no lo es si consideramos que la experiencia es el conocimiento de las causas que producen los actos. Éste es el objeto de la vida junto con el desarrollo de la voluntad que es la fuerza con la que aplicamos el resultado de la experiencia. La experiencia debe adquirirse pero podemos elegir entre adquirirla por el duro camino de la experiencia personal o por la observación de los actos ajenos. La elección es nuestra pero en tanto no aprendamos todo lo que hay que aprender en este mundo deberemos volver a él. El hombre está en la escuela: la escuela de la experiencia y debe volver a ella muchas veces antes de que pueda esperar dominar todo el conocimiento del mundo de los sentidos. No existe una vida terrestre sola, por rica que haya sido en experiencia, que pueda suministrar todo ese conocimiento. 

Y, si no hubiera vuelta a la Tierra, ¿qué utilidad tendría la vida? ¿por qué luchar por nada? ¿qué beneficio podría producir una buena vida en un cielo donde todo el mundo es ya feliz? 



Esta clase ha sido tomada del libro “Concepto Rosacruz del Cosmos” de Max Heindel. 







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